En los diálogos que se escriben sobre sus últimos días (particularmente “La disculpa”), él caracteriza la muerte como resultado de una de dos posibilidades. Tampoco es una idea cristiana del infierno, pero, de nuevo, vivió siglos antes de esa era.
Sócrates afirma que hay dos posibilidades:
Primero, la muerte puede ser una oportunidad para reunirse y hablar con todos aquellos que han muerto antes. Como esto presenta la posibilidad (para Sócrates) de conversar con todas las grandes mentes del pasado, Sócrates ve esa posibilidad bajo una luz muy positiva. Sería una fiesta intelectual. Se reuniría con Homero y con todos los grandes filósofos presocráticos.
Para un intelectual como Sócrates, ¿qué podría ser un cielo mejor que ese?
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Pero también hace una concesión a los ateos (principalmente, los atomistas, que fueron los primeros materialistas de la historia) en que tal vez la muerte podría ser un olvido total.
En ese caso, argumenta Sócrates, sería el equivalente al sueño más profundo que un hombre podría tener: un sueño total, tranquilo y completamente tranquilo. Y, argumenta, dado que las personas parecen valorar un sueño tan perfecto … entonces, si la muerte es este sueño perfecto para toda la eternidad, ¿por qué deberíamos temerlo?
Estas son las dos posibilidades que considera Sócrates.