Hablando por mí mismo, y con referencia a muchos que conozco que son budistas seculares, lo que encuentro es que muchos de nosotros hemos llegado a reconocer que nuestras vidas no son muy satisfactorias, por lo que hemos buscado una mejor manera de vivir. La mayoría de nosotros ya hemos examinado los caminos religiosos habituales y hemos descubierto que no tienen las respuestas que estamos buscando. El budismo es, en esencia, muy pragmático, muy práctico, no requiere fe, solo indagación y diligencia. Y funciona.
En cuanto a “lo espiritual”, me parece que, si bien muchos buscan consuelo y soluciones simples proporcionadas por fuentes externas a ellos, hay algunos de nosotros que queremos conectarnos con algo más grande que nosotros sin renunciar a nuestra propia capacidad de pensar. Nosotros mismos. El budismo proporciona esa conexión y esa libertad. La conexión se produce al darse cuenta de que las formas en que causamos tantos de nuestros propios problemas no son exclusivas de nosotros, sino que se basan en experiencias humanas comunes: esa percepción proporciona conexión y compasión por nuestros compañeros. La libertad proviene de ser apoyados para pensar por nosotros mismos y el reconocimiento de que tenemos dentro de nosotros la capacidad de llegar a comprender el mundo y a nosotros mismos a través de nuestros propios poderes, y saber lo correcto de lo incorrecto, sin que otros hagan reglas por nosotros.