¡ LIBERANDO ! Me di cuenta de que las personas que me rodeaban temían la libertad, harían cualquier cosa para escapar de la virginidad de su vida, porque temían imaginar que eran ellos quienes tenían el control de su vida. Mi vida ya no era parte de un juego. Era un lienzo en blanco sobre el que estaba a punto de pintar tanta belleza como pude.
Siempre supe que hay algo gravemente defectuoso en la vida religiosa. Y mientras que otros se habían dado por vencidos hace mucho tiempo, siempre me comprometí con esas preguntas. Cuando exploré que estoy totalmente libre de religión, me sentí así.
La vida religiosa había sido la cueva de Platón, donde nadie estaba de acuerdo en pensar que en realidad somos libres, que podemos superar el límite de la cueva y respirar aire fresco y libre. Me di cuenta de cómo el miedo araña, esclaviza y aplasta tu vida. Eres moralmente demasiado dependiente para tomar decisiones. Siempre encuentras prestado tus pensamientos de alguna parte, lo que confirma tu parcialidad a favor de la religión. Pero luego decides irte.
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En mi caso, la gente estaba totalmente bien, ya que sabían que yo era entusiasta de la ciencia. La mayoría me recibió con curiosidad y admiración. No creo que sea una forma común, pero en mi caso fue así. Mis relaciones incluso se fortalecieron cuando la gente vio que me mantenía en mi camino sin desanimarme. La mejor parte fue deshacerme de los rituales y las oraciones. Y mis amigos y familiares, que siempre amaron mi pasión por la vida, se volvieron más respetuosos al saber que no permitía que ningún pensamiento eclipsara mi razonabilidad.
—¡Qué experiencia tan aventurera!