Pregúntele a un nazi por qué siguieron a Hitler, pregúntele a un estadounidense por qué votaron por Trump u Obama; es lo mismo.
La respuesta es: las personas están enamoradas de una visión de una vida mejor.
Esa visión fortalece sus creencias con el tiempo. Es una combinación de condicionamiento mental e histeria colectiva. Es literalmente el síndrome de ‘La hierba siempre es más verde’ que juegan millones, si no miles de millones de personas en todo el mundo que luego se lo enseñan a sus hijos y luego a los suyos, y así sucesivamente. En poco tiempo, con el afecto obligatorio y el cariño por una deidad, es inherente que los tontos creen lo suficiente como para creer en esas cosas o entrenarse para hacerlo desde el nacimiento. La fuerte creencia resultante es lo que queda después de que el sentido común, la individualidad y la ciencia han sido despojados de la humanidad.