El mes sagrado del Ramadán nos brinda la oportunidad de repensar nuestras prioridades y establecer nuestras metas para el año restante. En cuanto a las prioridades, durante este mes podemos resolver dedicar nuestro tiempo de manera más productiva al adherirnos a las verdaderas enseñanzas del Islam. Este mundo no es más que una prueba y este mes nos proporciona la capacitación necesaria para aprobar la prueba. El ayuno no se trata solo de abstenerse de comer y beber agua. La idea principal detrás del ayuno es implementar los principios básicos del Islam en nuestras vidas. Por lo general, pensamos en los pecados mayores y tendemos a ignorar los pecados menores que a veces son más perjudiciales para un individuo o una sociedad. Eso no significa que uno no deba tener en cuenta los pecados mayores. Lo que quiero decir es que mentir, engañar, tratar a las personas mal, usurpar los derechos justos de las personas, maldecir y perjudicar a los demás por pequeñas ganancias son todas esas cualidades, que están completamente en contra de las enseñanzas del Islam y la Serah de nuestro Santo Profeta (la paz sea sobre el). Se supone que un musulmán es misericordioso con los demás sin discriminación alguna por motivos de fe, etnia o credo.
El Ramadán debería considerarse un programa de entrenamiento para superar las debilidades humanas y emerger como buenos musulmanes. Ser un buen musulmán convierte automáticamente a un individuo en un mejor ser humano. Esa es la belleza del Islam porque es un código de vida completo. En segundo lugar, el Ramadán nos da la oportunidad de seguir una rutina adecuada que garantiza menos o ninguna pérdida de tiempo. Podríamos continuar con esa rutina para asegurar nuestro crecimiento profesional y un impulso en el desempeño relacionado con el trabajo.